Errores.
No quiero evitarte errores. Quiero evitarte sufrir tanto por los errores que vas a cometer y te van a doler.
Siéntete mal y no te sientas mal de sentirte mal. De atravesar nubarrones que son inevitables.
El rechazo duele. Fallar duele. Intentar algo y que el mercado no lo valide, duele.
Es normal sentirte mal ante eso. Llorar. Cuestionarte. Perder la fe a ratos.
Ese pinchazo cuando te das cuenta de que las cosas no están saliendo como tú quieres, al ritmo que esperabas.
Vas a perderte cuestionando ese hueco entre las expectativas y la realidad. Es una espiral que te engulle. Te diría que la evitaras, pero no me vas a hacer caso.
Te vas a dar pena. Vas a llorar por estar llorando y sentir que no mereces sentirte así.
Bien. Esa es tu piel haciéndose más fuerte.
Estar mal no justifica abandonar. El primer bache no justifica claudicar el camino.
Puedes llorar, pero no puedes determinar que esto no es lo tuyo o que no vales para ello.
Lo siento si conseguir tus sueños no es fácil, rápido y en linea recta.
El potencial de lo que consigas está determinado por el grado de incertidumbre que eres capaz de tolerar y por cuánto tiempo lo puedes tolerar.
Elige tu mejor miseria: ¿fallo o cobardía?
Si avanzas por este camino, tienes que estar dispuesta a perder, a fallar. Y cuando falles te darás cuenta de que no significa nada. De que fallar es una parada en el camino.
Nada más.
Es un feedback. Una lección. Empujar o pivotar. ¿Qué toca ahora? Fallar te da la respuesta.
Coraje implica tomar acción con un dolor inevitable e inmediato y una ganancia pospuesta e incierta.
Es una virtud, el coraje. Pero te mete en fregaos que preferirías no haberte metido.
¿Valdrá la pena?
Depende de la perspectiva. El resultado tal vez no lo adquieras a la primera. Ni a la quinta.
Pero elegir la acción de mayor coraje te hace ganar dos cosas inmensas: la lección y la etiqueta.
La lección de quien ha vivido ese coste, ha intentado, ha evolucionado. Y la etiqueta de valentía, aunque nadie más que tú la vea.
Es posible llorar de orgullo en medio del fracaso. Parece una contradicción, pero creéme, es posible.
Haz las paces con tus errores. No los niegues, la cagaste. Y qué.
Ahora, coraje.
Hazte Grande
María



Algunas de esas lecciones pueden dejarte en la ruina. Y determinados mercados laborales no son demasiado flexibles, que digamos. En España no se puede trabajar de cualquier cosa para seguir adelante, porque piden certificados, cursillos y permisos para todo. A determinados perfiles y a determinadas edades no los ofrecen. Y determinados sectores especializados ya no te readmiten con facilidad o, directamente, lo impiden. El coraje y la persistencia están muy bien si conducen a alguna parte: cuando conducen a un callejón al que no se le ve salida, el error de aprendizaje puede pagarse muy caro, y lo aprendido no hallar espacio en el que aplicarlo. Hola, he aprendido mucho de mis errores, mire. Ya, pero aquí lo que cuenta es la experiencia y los títulos: si usted no los tiene, y si su experiencia está obsoleta, no sirve. Siguiente, y adiós.